miércoles, 9 de enero de 2013

Por todos los días de mi vida.

Te tengo en frente mía. Te miro a los ojos y tiemblo.
Se me hace difícil apenas musitar palabra cuando pocas de ellas pueden expresar realmente todo lo que siento.
Me coges la mano y sonrío. Y así siempre.
  Siempre que nos rozamos pasa esto.
Ese momento en el que te volverías un suicida si fuera la última vez que supieras que fueras a tocarle.
Como iba diciendo , te tengo , te tengo en frente mía y no sé qué decir ... Estos son los momentos en los que sabemos que cualquier definición sabría hablar perfectamente sobre cómo se sienten dos personas que se quieren cuando están en frente la una de la otra mirándose.

¿Qué piensan? ¿Qué quieren? ¿Por qué están ahí...?
No lo saben ni ellos, solo saben que darían la vida el uno por el otro , pero tal vez, para ser más exactos prefieren vivirla juntos, dar por hecho que se otorgarán recíprocamente los mejores años de sus vidas.

¿Y qué más da si es perfecto? Ella sabe que le ama por todos sus defectos , aunque realmente sean más las virtudes ; y él ..., ¿él qué dice?. Él no dice nada; calla, asiente, da todo de sí y con buscarla en la profundidad de su mente ya le está abriendo a ese mundo que desconocía ella misma, el mundo de su sonrisa, o tal vez ese mundo real en el que ella aprendía la lección de que había personas que como ella, valían la pena.
Ella daba gracias todos los días cada vez que se iba a dormir. Consideraba que él le había sacado de aquel pozo en el cual tenía la cabeza metida hasta el fondo , que él le había salvado la vida , que él le había hecho volver a nacer.
Como cada tarde, él se sentaba en el hueco de su comisura a esperar que esbozara nuevamente otro motivo más por el que vivir. 
 Él aseguraba que hubiera muerto por un beso más cada noche, que la hubiera devuelto la vida que a veces le faltaban a sus ojos , luchando por las razones que tenía el corazón , el cual latía al ritmo de los pies sin-nombre que callejeaban por aceras madrileñas; por la luz de la luna que se dejaba entre ver a través del humo del cigarro de las cinco de la mañana, ese que fumaban juntos debido al insomnio que provocaban el jugueteo de sus manos; por la sábana que oteaba a modo de bandera en la puerta de su habitación...
 Por todas esas cosas, él hubiera dado la vida.
Ella nunca dudó. Ella quería que él fuera su motivo de vida cada uno del resto de los días que le quedaban por vivir ya que no quería compartir cama ni lágrimas con nadie más; no quería que el café tuviera sabor si no era junto al olor de su colonia , porque el sabor a café se acompañaba con sabor a '' Despierta ya bichejo que no dejas de roncar '' ; ella no quería hacer peleas de sábanas y almohadas si no era con sus pies, no quería jugar al cíclope si no era apoyando su frente contra la de él; no quería otras manos a las que arrimar su pecho o que acariciara su cabello; ella no quería otra voz que apoyara en su oído esas palabras que alivian a cualquier corazón enamorado : '' me quedaré para siempre '' 
Ella tenía todo, no la faltaba nada. Había veces en las que pensaba : '' Ojalá la eternidad fuera real ''; pero volvía a poner los pies en el suelo y se daba cuenta que prefería una sola vida con él que infinitas más en el vacío y en la pena de no tenerle.

Ella le amaba y nunca acabó la historia.


Gracias por cada día de mi vida en el que puedes llamarme por cada uno de mis motes y no llegar a decir mi nombre real.

Te quiero sin superlativos. Simplemente te quiero sin punto y final.












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